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La tecnología está revolucionando la comunicación

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¿A alguien le suena esta imagen? Seguramente estará trucada ó retocada con photoshop, verdad? No nos imaginamos una vida así. Podemos cambiar el móvil por una tablet y el resultado es el mismo. Esto sí que es un avance para la humanidad, eh? De eso no tenemos ninguna duda, de hecho todas las personas deberían de tener un smartphone, una tablet y un ordenador personal como mínimo. Tener whatsapp, twitter y facebook debería de ser también obligatorio y para ello es necesario un respaldo legal.  Porque sino corremos el riesgo de que haya algunas personas, una minoría en retroceso, que tengan la sinvergonzonería de no tener un smartphone, ni tablet, ni whatsapp… Y eso debemos de evitarlo, son herramientas imprescindibles para mejorar la socialización, la educación y la calidad de vida. Como voy a hablar con alguien que no tiene whatsapp ni twitter, ni linkedin…, ¿de que manera me voy a poder comunicar con él? Es prácticamente imposible, a no ser que le llame por teléfono ó quede con él para tomar un café. Pero no es lo deseable y hay que tratar de evitarlo por todos los medios. Porque de no tomar medidas puede pasar que haya iniciaticas como ésta, incluso, en los centros escolares:

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Pero ¿a qué viene eso? No es para tanto, qué exagerado!

Además es necesario informar de que ya se están produciendo dos modificaciones importantes en la evolucion del ser humano:

  • EFECTO CLICK DE FAMOBIL: Esto ocurre porque nuestra anatomía, que es muy sabia, se está adaptando a nuestras necesidades realizando las modificaciones pertinentes que nos ayuden a llevar una vida mejor. En este caso, la modificación necesaria e imprescindible pasaría por pasar de cinco a dos dedos unicamente. En realidad son los necesarios para poder sujetar y teclear con el móvil, el resto de dedos no dirven para nada. El cuerpo, que es sabio, rectifica y se adapta:

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  • EFECTO GAMBA: Ligado al anterior, la anatomia humana necesita adaptarse a la nueva situación. No es necesario un cuerpo erguido ya que nos dificulta sobremanera la acción de teclear por lo que la curvatura de la columna y la cabeza han de reajustarse quedando tal que así:

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Esta es una postura mucho más adecuada a nuestras necesidades y es que la tecnología está revolucionando la comunicación!

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Vivir ó enseñar

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¿Te identificas con estas situaciones?

1. Fotos, fotos, fotos.

Cuando vas a un evento, a una cita o practicas cualquier actividad, solo hay un mantra: fotos, fotos, fotos. Ya sea con el móvil, con la cámara, con la tableta, con el ‘paloselfi’ o con todo a la vez, la clave es estar más preocupado por capturar el momento que por vivirlo. La actuación del niño en el cole (cuando no el propio parto), los Stones cantando ‘Angie’ sobre el escenario, tu propia boda… ¿Estamos perdiendo la capacidad de disfrutar de los momentos importantes?

Jean-François GornetFLICKR / Licencia CC
Jean-François GornetFLICKR / Licencia CC

2. Despertares.

¿Recuerdas cuando al despertarte por la mañana, aún presa del sopor, te quedabas un rato contemplando el techo? Porque ahora, ¿qué es lo primero que haces al abrir el ojo? Si tu respuesta no es mirar las notificaciones de Twitter, Snapchat, Facebook o WhatsApp, o comprobar las horas que has dormido conectándote a tu ‘wearable’, enhorabuena, eres una rara avis. Porque cuenta la leyenda que hay incluso quien se pone el despertador temprano solo para dar los buenos días en Twitter y luego volverse a dormir.

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3. Desayunos de foto.

Te aficionaste a la repostería solo para presumir de cupcake en Instagram y Pinterest, aunque luego no haya valiente que se atreva a dar un bocado a esas magdalenas (perdón, cupcakes) azul pitufo. Dominas la modalidad desayunos/brunch hasta el punto de saber que el filtro Valencia no es adecuado para el desayuno continental pero sí para el inglés, o qué estado de humor evoca un té negro de Ceilán o un frapuccino. Incluso practicas la modalidad “desayunos simétricos”. Es más, tú, que de toda la vida has desayunado de pie un café con una tostada de pan de molde mientras te ponías los zapatos, ahora incluso madrugas los domingos para preparar el desayuno a fin de que las fotos estén en Instagram cuando se levanten el resto de tus amigos. Y te lo acabas tomando frío, claro.

 

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4. El ‘runner’ que hay en ti.

Tú, que el máximo deporte que habías hecho en tu vida era el de levantarte del sofá para coger el mando, has descubierto el ‘runner’ que hay en ti (porque no es lo mismo correr que ser ‘runner’), y claro, el mundo debe saberlo. En tu Instagram no faltan las fotos de zapatillas color flúor, esas que te enfundas cuando sales a correr móvil en mano. Por supuesto, seleccionas con mimo los itinerarios para que sean cuesta abajo y a veces hasta haces una parte en coche, todo por presumir de marca en Facebook. Que te hemos pillado.

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5. No te guardas nada.

Necesitas informar a todo el mundo de que te vas a duchar, a poner el pijama, a cenar o a escuchar musiquita arropado con una mantita con ese librito (el uso del diminutivo es importante) que alguien recomendó en esa revista cultural tan cool. Es normal, la Humanidad no podría seguir su curso sin saber a qué dedicas cada minuto del domingo. Gracias.

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6. No sin mi wifi.

¿Se apodera de ti el pánico cuando hay un bajón en la cobertura de datos? ¿Te sientes desnudo si sales de casa sin el móvil? Puede que incluso te replantees ese fin de semana idílico en una casa rural aislada si descubres que no hay WiFi. Porque, ¿cómo vas a poder presumir de #desconexión, #naturaleza y #finderural si no hay WiFi?

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7. ¿Hablar con otros humanos?

Cuando estás con tus amigos , sigues ‘wasapeando’ o mirando las redes. A veces incluso mandas mensajes a los amigos con los que estás sentado en la terraza del bar. “Es para que vieras la foto y poder comentarla, tía”.

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8. No viajas. Haces fotos.

Ya no es que hayas publicado tropecientas fotos de pies con el mar de fondo, de puestas de sol y de mojitos bajo el epígrafe “sufriendo mucho”, es que es imposible que te haya dado tiempo a ver todo lo que has fotografiado. Al menos podrás verlo en Instagram.

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9. Reconócelo.

Te has chocado con una farola por ir mirando el móvil por la calle. ¿Te sientes identificado? Si te sirve de consuelo, no estás solo. Lo demuestran estos carriles:

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Aprendiendo a disfrutar de la vida

Todos en la fotografía miran lo que ocurre a través de la pantalla de sus smartphones. Todos, menos una anciana. En primera fila, en vez de ocupar sus manos con el teléfono, se apoya cómodamente en la valla, mira –sin móvil de por medio– lo que acontece frente a ella… Y sonríe. Y junto sobre esta estampa, un mensaje del autor del tuit, el fotógrafo Miguel Ángel Morenatti: “Estamos perdiendo la capacidad de disfrutar de los momentos importantes”. La reflexión ha calado. En menos de 24 horas, ya supera los 8.000 retuits.

Estamos perdiendo la capacidad de disfrutar de los momentos importantes. pic.twitter.com/OWmf4yrC3R
— Morenatti (@MiguelMorenatti) septiembre 21, 2015

 

 

Esto que ocurre constantemente en la sala de la Mona Lisa en el Louvre.

No se sabe si estaban leyendo sobre Rembrandt o repasando su última selfie de grupo en Instagram, pero la imagen de estos chavales embelesados con sus smartphones en el Rijksmuseum de Ámsterdam, tomada por el fotógrafo especializado en arte Gijsbert van der Wal, se ha convertido en las últimas horas en blanco de críticas allá por donde pasa.

Campeones en guasa, ¿y en WhatsApp?

Son los españoles los europeos más locuaces? Si el indicativo para medirlo fuera el chateo a través del teléfono móvil la respuesta sería sí, y con diferencia. La difusión de los servicios de mensajería instantánea y de las conexiones móviles de alta velocidad está aumentando en toda la Unión Europea, pero en España lo hace a un ritmo desconocido en otros países. Según un informe elaborado por la Comisión Nacional del Mercado y de la Competencia (CNMC), los españoles son los europeos que más usan servicios como WhatsApp. El 98% de sus teléfonos inteligentes lo tienen instalado.

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A los españoles les gusta comunicarse y ello es un caldo de cultivo para este tipo de aplicaciones, aseguran los expertos en tecnologías. Pero esa no es la razón fundamental que explique el éxito de WhatsApp en España. Tanto o más que el gusto por la charla influye el elevado coste de los SMS cuando estos servicios empezaron a difundirse. Los mensajes en España eran mucho más caros que en otros países.

Los datos que la CNMC ha recogido en un informe que publicó en enero demuestran que el 51,5% de los usuarios españoles usa diariamente los servicios Over the top —aquellos en los que las operadoras no están involucradas de forma directa, como WhatsApp— y el 83% de los poseedores de smartphones lo hace al menos una vez por semana. Los holandeses, segundos en esta clasificación, no pasan del 67%.

Este experto identifica en el “alto nivel de recomendación social” otra de las causas de la fuerte difusión de las redes sociales en España: “No hay estudios sociológicos que expliquen científicamente por qué la mensajería instantánea tiene gran calado en España. En general se puede decir que hay una tendencia a confiar en los amigos y en los familiares que nos recomiendan una aplicación para móvil o una red social, de cuyo uso además se suele presumir mucho. Se trata de dos factores que contribuyen a que el número de usuarios se eleve con mucha rapidez”. Según el informe sobre la sociedad de la información 2014 de Telefónica, la mensajería instantánea creció en los últimos dos años en un 206%, hasta alcanzar al 78% de la población con teléfono móvil.

Gustavo Leitao Cardoso, sociólogo de la comunicación del Instituto Universitario de Lisboa, especifica el papel clave de los jóvenes en esta difusión: “Hoy en día les interesa una aplicación sencilla, como WhatsApp, y no una red social que se compromete en ofrecer todo tipo de servicios, como Facebook. Desean comunicar como quieran y con quien quieran, de manera más cerrada. Y lo quieren hacer para decir algo concreto, no para dejar patente su existencia en la red, como pasa en Facebook, donde además los padres están cada vez más presentes”, arguye el académico. Y en efecto, según los datos de la CNMC, siete de cada 10 usuarios cuyas edades están entre los 16 y los 34 años dispone de una conexión a Internet sobre móvil, diez puntos por encima de la media.

La consecuencia es que, según los datos del Instituto Nacional de Estadística, en los últimos tres meses de 2013 el 70,2% de los usuarios de Internet declaraban haber accedido a la red a través de un dispositivo móvil fuera de su casa o de su trabajo. En 2014, este porcentaje aumentó hasta el 81,7%, 11,5 puntos porcentuales más.

La consultora Comscore, además, ha calculado que en marzo de 2014 el 81% de los teléfonos móviles españoles eran smartphones, 10 puntos más que la media de la Unión Europea. Y es a través de las conexiones móviles que, según los datos de la CNMC, se efectúan la mayoría de las comunicaciones.

Una difusión tan profunda, sin embargo, tiene también su revés. No todos los usuarios consiguen mantener una relación tranquila con WhatsApp. En los últimos años los casos de adicción a esta aplicación han aumentado tanto en España como en otros países europeos. “Existen casos clínicos en los que el uso compulsivo de WhatsApp se traduce en una falta de entrenamiento de las habilidades sociales, en problemas de concentración, en la imposibilidad de tener un sueño reparador por estar siempre pendiente del móvil. Hay casos en los que los pacientes llegan a percibir sonidos o vibraciones de su móvil que definimos como fantasma, ya que nunca ocurrieron”, destaca José Antonio Molina, psicólogo y experto en tratamiento de adicciones. “La mayoría de ellas se registran entre los jóvenes, cuya necesidad de comunicar y de interactuar con los demás es generalmente más fuerte. Los mayores de 50 años suelen tener una relación más fría con este tipo de aplicaciones”, especifica el psicoterapeuta Miguel Pedano.

Fuente: El País (15/02/2015)

La sonrisa continua

¿Para qué hay que retratarlo todo?

Durante siglos fue un arte para pocos. Después se transformó en una artesanía para muchos que lo hacían cada tanto. Ahora parece ser una tarea de todos, todo el tiempo: posamos, nos ponemos. Es el paso más reciente de la sociedad del espectáculo. Ya no solo miramos sin parar; ahora también tenemos que aprender a mostrarnos. El arte de posar es una novedad de estos años plagados de registro.

Nueve de cada diez personas cargamos todo el tiempo un aparato que registra. Teléfonos, los más. Y, como la máquina crea la función, documentamos sin parar. Dejamos de confiar en nuestros ojos. Así como ya pasamos de usar nuestra memoria –y recurrimos, en cuanto aparece cualquier duda, a esa memoria externa de la cultura actual, la Red en 4G–, tampoco suponemos que tenemos que usar la memoria visual y almacenamos en esos aparatitos las imágenes que alguna vez podríamos querer. Entre ellas, por supuesto, nada más habitual que las caras de los seres queridos y, primero entre pares, querido entre queridos, uno mismo.

–¿Viste la foto que te mandé desde la torre?

Somos, ante la lente omnipresente, aparatos de producir futuro, de intentar definir nuestro recuerdo. Somos memorialistas persistentes, componiendo el tipo para los que nos verán mañana o –esperamos– dentro de veinte años. Por eso es importante saber cómo mostrarse –cómo ponerse en el recuerdo, qué poses, gestos, muecas adoptar para ser alguna vez mejores que ahora mismo. Ir armando la propia historia que –cada vez más– será visual o no será.
–Uy, has visto al abuelito de tan joven. Si hasta era guapo…

Para eso lo primero es hacerse una cara: armar la cara ante el espejo ya de bitios, dibujarse la cara en cada foto. Aunque es muy fácil que la foto te traicione: que te muestre una cara que habías intentado, tan cuidadosamente, no ver nunca. Pero el intento insiste y la cara buscada, por supuesto, tiene que incluir una sonrisa. El futuro será sonriente o no será. La sonrisa es el mensaje que queremos darle: mirad, amigos –amigos es una palabra muy actual–, lo bien que vivo, o que he vivido.

En nuestra cultura de hedonismo inmediato, la sonrisa es la ganzúa que abre todas las puertas. Darwin creyó que la sonrisa formaba parte de nuestra herencia evolutiva, y que por eso se encuentra en casi todas las culturas. Colegas suyos descubrieron que los primates ya la usaban como una forma de comunicar intenciones pacíficas. Ahora es, en cualquier caso, el signo universal de todo bien, la estoy pasando bien, soy un poco feliz, contigo no hay problema.

Y no tenerla es sospechoso: alguien podría querer saber por qué, así que la ponemos. Con lo cual el signo precede a su significado: no sonreímos porque estemos contentos; sonreímos para que parezca que estamos contentos o sea: para estar contentos. Nunca el género humano ha sonreído tanto ante tan pocas gracias: whisky, tequila, cheese, patatapatatapatata. Las formas de lograr la apariencia de sonrisa se multiplican y confunden.

Hay que posar, hay que mostrar –a los parientes, los amores, los amigos de Facebook, el tiempo y sus edades– lo feliz que es uno. Hay que dejar registro. Solo que, más y más, el registro se hace casi continuo. Quizá lo sea tanto que al fin nos exima de posar, y habremos dado toda la vuelta: de no preocuparnos porque de todos modos nunca nos registraban, pasaremos a no preocuparnos porque siempre. Y los extremos –para volver el viejo dicho– se tocarán y placerán entre sonrisas.

La era del trabajo remoto, y ¿sin horarios?

 

 
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Puede que la era de las oficinas esté llegando a su fin. A comienzos del año 2015 los trabajadores de las empresas emergentes ya no tienen que cumplir horarios. Pueden trabajar con un portátil desde cualquier lugar. Ahora se les mide por objetivos cumplidos. Es lo que sucede en Camaloon, una plataforma que permite diseñar chapas y pegatinas y venderlas a terceros.imagen 2 “Medimos a nuestros trabajadores en torno a las métricas, no importa cómo o dónde desarrollen su actividad, lo importante es que lleguen a final de mes con los números que hemos previsto”, cuenta el fundador de la start up, Bernat Farero, de 28 años.

Esta compañía, que cerró 2014 con una facturación de tres millones de euros, nació en 2012 con seis trabajadores: dos en Barcelona, uno en San Sebastián y otro en Londres. Los primeros se encargaban de la producción y el desarrollo tecnológico, el segundo de la estrategia de posicionamiento en buscadores y el tercero de la analítica web.

Bernat y su socio entrevistaron vía Skype imagen 3a decenas de candidatos de diferentes países de Europa. Se quedaron con Xavier Colomés, que vive en Londres y se encarga de analizar las fuentes de tráfico de la web y de optimizarlo, y con Lino Uruñuela, que pone en marcha estrategias para que Camaloon sea fácilmente encontrado por los usuarios en Internet. La base de su trabajo son las reuniones por Skype, dos veces por semana, y las herramientas que les permiten trabajar en red y planificar el trabajo vía online. “Buscamos talento, no importa el dónde. El mundo es plano y gracias a Internet todos estamos conectados. Gestionar una empresa de esta forma es perfectamente viable gracias a la tecnología”, asegura Bernat.

Entre los múltiples programas que permiten el trabajo en remoto, este equipo utiliza cuatro. Hip Chatimagen 4, que les permite comunicarse a través de chats internos y compartir archivos multimedia; Slackimagen 5, con la que pueden trabajar de forma colaborativa en un mismo proyecto y en tiempo real; y Redboothimagen 6, un software de gestión de tareas y proyectos en el que se puede precisar las líneas de trabajo y las fechas de entrega.

La desventaja de no trabajar cara a cara es, según Bernat, no percibir los detalles de la comunicación no verbal. “Se pierde un grado de profundidad. Ver a las personas discutir los temas en vivo y en directo aporta una información valiosísima sobre su capacidad de reacción y su ingenio. Transmitir la cultura de la empresa en remoto es complicado”, añade.

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Su colega Lino coincide con él. Después de pasar cuatro años trabajando en una oficina decidió trasladar sus bártulos a su propia casa. “Soy más productivo porque me organizo a mi manera y estoy más satisfecho. El hándicap es que te pierdes los momentos máquina de café y no te impregnas de otras ideas”, cuenta. Por eso, una vez al mes viaja a Barcelona y pasa unos días con sus jefes que, ahora sí, tienen una oficina con 60 trabajadores. En dos años ya comercializan sus productos en Italia, Francia, Inglaterra y Alemania; el 80% de su actividad se produce fuera de España.

Para una empresa que arranca, el trabajo en remoto puede ser la opción idónea para conseguir una rápida internacionalización. “La falta de presupuesto puede hacer de este método el ADN de la compañía. Huir de costes fijos (alquiler, gastos de luz, etc) es muy atractivo. Instalarte en tu propia casa wifi y hacer reuniones por videoconferencia es una tendencia en todo el mundo”, señala Roberto Martínez, director de la Fundación Masfamilia,imagen 8 que en 2012 publicó el Libro Blanco del Teletrabajo. “Está cambiando el paradigma de las empresas; estamos eliminando la red laboral que tejieron nuestros padres. Ahora impera la flexibilidad horaria”.

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Hitsbook, una plataforma que pone en contacto a las marcas con potenciales clientes para que graben spots publicitarios y participen en concursos, también se ha hecho un hueco en el mercado gracias a esta estrategia. Nació en Granada en noviembre de 2011 como resultado de la idea de Juan José Artero, de 31 años. Con dos ingenieros encargados del desarrollo tecnológico en Granada, cuatro personas más en Madrid (como responsables del marketing), y dos trabajadores más en México (a cargo de la analítica web y el trabajo directo con las marcas), ya cuenta con más de 65.000 usuarios registrados y una facturación de 50.000 euros en 2014 y de 25.000 euros en el pasado mes de enero.

De las campañas que han lanzado hasta la fecha, Artero destaca la de la marca de ginebra Mombasa. imagen 10Recibieron un total de 115 cortos con la ginebra como protagonista. El ganador se llevó 10.000 euros. “Nuestra plataforma ha conseguido que sean los usuarios los que se interesen por una marca. Le hemos dado la vuelta y ahí está nuestro éxito”, cuenta Artero. Los interesados solo tiene que responder al reto de las marcas y enviar vídeos grabados con el móvil, tableta o con cámaras no profesionales.

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Guillermo Llibre, catalán de 33 años, también lo ha conseguido. Ha montado Gymforless.com, una plataforma online que ofrece abonos de uno o 30 días en 350 gimnasios de España, Francia, Alemania y México con descuentos sobre el precio habitual de hasta el 20%. En un año han conseguido vender 10.000 pases. Solo con once trabajadores: ocho en Barcelona y tres en cada uno de esos países. Todos sin horario pero con una norma inamovible; los lunes a la 10 de la mañana toca reunión por Skype con Francia, a las 11 con Alemania y a las 16 con México. Hay que mostrar la cara ante el jefe.

Fuente: El País, 4/2/2015

99 días sin Facebook

Este es el título de la campaña de una agencia de publicidad danesa que anima a la gente a que coloque en su perfil una imagen de vacaciones y que escriba en sus muros un último estatus advirtiendo de que no volverán en un tiempo.

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El compromiso, concretamente, es abandonar la red social durante 99 días y sobrevivir para contarlo. Un proyecto que se inspira en las ganas que cada vez tiene más gente de darse un respiro de un mundo del que es difícil desenchufarse.

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Este tipo de campañas, asegura JWT, no solo están en marcha en el mundo virtual; este año veremos cómo cada vez más hoteles, restaurantes y otros establecimientos prohíben o desaconsejan a sus clientes usar sus móviles y, ¡anatema!, cierran sus redes WiFi.

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