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El mobiliario sí importa en la escuela: Mejora educativa

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Rosan Bosch (Utrecht, 1969) es uno de los rostros más visibles de la innovación educativa a través del diseño de nuevos espacios y mobiliario. Con más de una decena de colegios construidos en Dinamarca y Suecia (de ellos, nueve son públicos) o en ciudades como Abu Dabi, Bosch apuesta por la eliminación de las aulas con filas de pupitres mirando a una pizarra, por el derribo de los muros en las escuelas y por los espacios diáfanos en los que el niño decide dónde quiere aprender.

Su máxima es que los estudiantes tomen decisiones desde el principio y escojan lo que más les interesa, porque en el mundo actual, según la propia diseñadora, “ya no vale trabajar bajo las directrices de un jefe; el mercado demanda perfiles que sepan pensar de forma independiente y tomar la iniciativa sin miedo a equivocarse”.

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Bosch estudió en un colegio Montessori, un método desarrollado a principios del siglo XX por la doctora italiana Maria Montessori basado en la idea de que los más pequeños aprenden de forma natural si se les permite seguir sus instintos. Pero su interés por la innovación educativa no le viene de ahí, sino de la desmotivación con la que sus propios hijos volvían de la escuela.

Pregunta. ¿Cómo puede influir el diseño en la forma de aprender?

Respuesta. Tal y como están concebidas las aulas, los niños llegan a clase, se sientan en un silla y se limitan a escuchar y a hacer lo que les dice el profesor. Es antinatural tener a estudiantes tan pequeños inmóviles en sus pupitres sin la posibilidad de desplazarse libremente y encontrar el entorno en el que se sientan más cómodos. Los seres humanos somos diferentes y nuestro cerebro funciona de forma distinta. Hay niños que necesitan total tranquilidad para procesar nueva información y otros que lo hacen mejor de forma colaborativa. La escuela moderna tiene que adaptarse a esa realidad y el diseño del espacio puede cambiar el modo de pensar, funcionar y reaccionar. Este tipo de estructuras más flexibles incentivan al niño a tomar sus propias decisiones. No se trata de poner ruedas a las sillas y a las mesas, sino de permitir la libertad de movimiento de los chicos. Es muy difícil cambiar la mentalidad de la comunidad educativa, y el espacio físico ayuda porque crea una nueva realidad.

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P. Se habrá encontrado con detractores que piensen que dejar al niño decidir puede perjudicar su disciplina.

R. Los niños no son animales salvajes que necesiten reglas rígidas. Una vez que les explicas que disponen de diferentes estancias para la lectura en solitario, para el debate, para el trabajo en grupo y también para escuchar las lecciones del profesor, lo entienden perfectamente y se adaptan. El formato del niño fijo en una mesa tiene mucho que ver con la disciplina y poco con el aprendizaje. El sistema tradicional les entrena para escuchar largos discursos sin aburrirse, y eso resulta imposible hasta para un adulto, que no aguanta más de 20 minutos de charla sin desconectar. Esos niños van a vivir en una sociedad totalmente diferente. Las nuevas generaciones tendrán que adaptarse a trabajos que aún no existen y detectar sus carencias. Se necesita gente que de forma independiente pueda aprender nuevas habilidades y conocimientos. Ser pasivo y actuar solo bajo las directrices de terceros ya no funciona.

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P. ¿Por qué cree que es prioritario un espacio que favorezca el trabajo en equipo?

R. El mundo se ha vuelto global. Ahora se trabaja con personas de diferentes culturas. Mis reuniones de trabajo, por ejemplo, son a través de plataformas online con colaboradores en Dubái o Michigan. En los exámenes de la escuela no se mide el liderazgo, ni la capacidad de aprender por uno mismo o las fórmulas para colaborar de la mejor forma posible. Tampoco cómo buscar información y contrastarla o saber concentrarse cuando hay muchas distracciones. Todo eso no se evalúa en el colegio y son capacidades básicas en el mundo real.

En España, es especialmente difícil innovar porque la gente tiene miedo al cambio. Cuando llegan arquitectos o diseñadores españoles a mi estudio, necesitan un par de meses para entender nuestra dinámica de trabajo. Ellos esperan recibir instrucciones y quieren un feedback continuo para saber si van por el buen camino. Eso a mi no me vale, yo quiero gente proactiva que marque sus propias líneas de trabajo sin necesidad de una supervisión continua.

P. Después de más de diez años dedicada a las galerías de arte, ¿cómo dio el giro hacia la educación?

R. Cuando mis dos hijos comenzaron la escuela estaban deseando aprender, todo les generaba curiosidad. Poco a poco, cada vez volvían a casa más desmotivados, hablaban de la escuela como un lugar aburrido y solo les contentaba planear qué harían en su tiempo libre. Fui a hablar con la profesora y me dijo que lo sentía pero que estaba sola con 30 niños y que no disponía de más recursos. Me explicó que había niños que seguían la clase y otros que se distraían. En ese momento ya me había dado cuenta del diseño y su poder de seducción, así que decidí emplearlo en la educación. Empecé a trabajar con pedagogos, profesores y padres. El proyecto de transformación tenía que ser integral.

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P. ¿Cuál fue la primera escuela con la que trabajó?

R. Fue en el año 2006 en un colegio de Gentofte, un pueblo cercano a Copenhague. El ayuntamiento puso en marcha en 1999 un proyecto para transformar doce escuelas públicas y yo me encargué posteriormente de una de ellas, la Hellerup School. Durante tres semanas nos colamos en las aulas para ver la forma de trabajar y de moverse de los alumnos y profesores y detectamos que el problema principal era la rigidez del espacio. Permitimos a los niños sentarse en el suelo y trabajar a la luz de una lámpara, colocar post it con sus ideas debajo de las mesas o leer en solitario en tubos circulares. Los profesores, que al principio se mostraban reacios, se dieron cuenta de la importancia de contar con diferentes espacios para la concentración o la colaboración entre los niños y ahí jugaba un papel esencial el mobiliario y su distribución en el aula.

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P. ¿Le resultó complicado contar con la colaboración de los profesores?

R. Todo cambio resulta doloroso y al principio todo parecía abocar a la catástrofe. Para que los profesores se sientan cómodos, tienes que trabajar con ellos, y cuando empiezan a ver los resultados, son los primeros en entusiasmarse. Estamos acostumbrados a pensar que los profesores no se reciclan, que durante toda su trayectoria manejan los mismos contenidos y no tienen necesidad de actualizarse, algo que no sucede con otras profesiones como los médicos. Ha llegado el momento de remover los cimientos de la educación, tenemos que ser justos con lo que los niños merecen.

En el caso de este colegio, los resultados fueron excelentes, los niños venían entusiasmados a clase con ganas de explorar las nuevas formas de aprendizaje; las filas de pupitres habían desaparecido. La transformación del espacio físico es el primer paso para poder cambiar la metodología de enseñanza y para que todo esto suceda hace falta la colaboración de los profesores.

P. Las fotos de sus escuelas denotan grandes inversiones económicas. ¿Qué le diría a los colegios que quieren cambiar pero no disponen de tantos recursos?

R. El objetivo no es crear espacios bonitos, sino que contribuyan al cambio. Se pueden hacer proyectos low cost encargando mobiliario a carpinteros locales. No hay un fórmula única, cada escuela tiene que trabajar para encontrar la suya.

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P. ¿En qué otros proyectos de innovación educativa ha participado?

R. Fui asesora en el proyecto Building Schools for the Future, impulsado en el año 2000 por el Gobierno británico para remodelar todas las escuelas de secundaria del país antes de 2020. Fue muy enriquecedor participar en coloquios con expertos de diferentes partes del mundo, pero la parte negativa fue la desilusión que generó en el profesorado la paralización del proyecto como consecuencia de la crisis en 2010.

ymagen 8En otros países como Estados Unidos, los proyectos en los que participa Rosan no debaten sobre la conveniencia de que los niños permanezcan sentados o no. Allí las discusiones están ya en otro nivel. Es el caso del colegio Academy for Global Citizanship en Chicago, donde están desarrollando un programa en el que los niños deben pasar el 25% de su horario escolar fuera de la escuela para estar en contacto con el mundo real. “Tienen que pagar en comercios y calcular las vueltas o conocer cómo funcionan los mercados de alimentos. Aprender a desenvolverse desde pequeños”, explica Rosan. Las paredes y los techos del edificio serán de cristal, para saber si llueve o no o si las temporadas de calor se extienden más de la cuenta. Es un centro educativo sostenible donde los niños tienen que ser conscientes de lo que le pasa al planeta.

Fuente: El País. 15/02/2016

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El cambio y la mejora, nuestro caballo de batalla

El cambio es nuestro caballo de batalla, cualquier cambio que se quiera realizar requiere de una actitud determinada, una necesidad sentida de avance. Por supuesto que si seguimos haciendo lo mismo durante toda la vida ni que decir tiene que obtendremos los mismos resultados, es simplemente sentido común verdad?

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Partimos de la base que la reticencia al cambio es universal en las personas y en las organizaciones, frases del estilo:

  • “Más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer”
  • “Virgencita que me quede como estoy”
  • “No hay ninguna novedad, y mejor que no las haya”
  • “Yo nunca he cambiado, siempre he sido así”

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Oigo muy frecuentemente en mi entorno, personal y profesional, este tipo de frases que no son más que la visibilización de un pensamiento, una socialización y una cultura determinada. Cualquiera que lea esto podría pensar que las resistencias al cambio, sobre todo en culturas como la nuestra, son muy importantes. Cualquier proceso de mejora requiere de un importante esfuerzo pedagógico y por supuesto de una necesidad sentida de que es necesario hacer cambios para avanzar.

Normalmente cuando hago la pregunta ¿estás dispuesto/a a hacer cambios en tu organización? la respuesta, después de varios resoplidos y con cierta actitud dubitativa suele ser sí. Seguidamente cuando pregunto si ¿estas dispuesto/a a hacer cambios en ti? Los resoplidos aumentan y la indecisión también y escucho respuestas tipo:

  • “Bueno, a ver qué es lo que tengo que hacer”
  • “Es que llevamos trabajado así toda la vida y…”
  • “Yo sí estoy dispuesto/a pero es que yo soy así y tengo mi caracter…”

Es decir, resulta curioso, por no decir otra palabra, lo rápido que detectamos la necesidad de la organización en la que trabajamos de cambiar pero cuando ese cambio nos involucra personalmente… Y es que las organizaciones, ya sea empresas, administraciones, asociaciones, fundaciones, etc.,  lo creamos o no, están compuestas por personas. Por tanto las organizaciones no pueden cambiar si no lo hacen las personas que las componen.

Vivimos, lo creamos o no, en una sociedad eminentemente conservadora dónde lo nuevo resulta un peligro en potencia. Pero no lo nuevo de carácter tecnológico: Cualquier novedad en una aplicación de móvil, por peregrina ue parezca, cualquier tablet, ordenador, smartphone es bienvenido. Por eso nos decimos que somos una “sociedad avanzada”, pero si la novedad supone un cambio de actitud… eso ya no nos suena tan bien. Eso sí nos gusta leerlibros de autoayuda, de emprendizaje, de psicología, eso nos encanta porque realmente no nos supone realizar ningún cambio personal.

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Aún así, con este panorama, me emociona que haya personas ó profesionales que también consiguen realizar cambios y mejoras en diferentes ámbitos. En la siguiente entrada os presentaré la experiencia de la diseñadora holandesa Rosan Bosch, que está revolucionando los espacios educativos ligados a nuevas metodologías de enseñanza.

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Entrevista a Michan

Buenos días:

Lo primero, quiero agradecerte enormemente que hayas tenido la amabilidad de tomarte un tiempo para responder a estas preguntas. Es una suerte para mí que puedas aparecer en este blog.

Me gustaría, para comenzar, que te presentaras brevemente a todas aquellas personas, seguro que serán muchas, que lean esta entrevista.

Foto MichanLo primero, soy chico, que no os confunda mi nombre. Estoy estudiando periodismo, este es mi último año, por lo que creo que ya puedo decir que soy periodista. He estado de prácticas en el diario El Mundo y, lo más importante, tengo un blog sobre Finlandia desde hace tres años, Michan en Finlandia, que es por lo que estoy aquí.

P.: ¿Cómo definirías el concepto de trabajo y profesionalidad que existe en España y qué diferencias ves con Finlandia?

R.: Procuraré no caer en la trampa de los estereotipos. Trabajo es simplemente ir de 9 a 17 a la oficina. Profesionalidad es ser parte de la empresa, esforzarte para que todo salga bien, hacer propuestas para mejorar… En conceptos, por supuesto, lo mismo sirve para un país que para otro. Se dice mucho que en el norte son más serios, pero, como siempre hay de todo. Conozco hasta un caso de ‘bullying’ a una trabajadora en Finlandia. Pero, repito, hay de todo.

P.: ¿Consideras que la mejora, la innovación y la eficiencia son importantes en España? ¿Realmente nos importan?

R.: Siempre es importante, pero que lo queramos ejecutar es otra cosa. Por ejemplo, en el caso de la política. Desde siempre ha habido un cierto bipartidismo, aunque ahora han surgido dos partidos a nivel nacional que han irrumpido. Han tenido que pasar 30 años, con una crisis gravísima en la que todavía estamos inmersos, para exigir un cambio. Otro ejemplo: la educación. Se ha intentado “mejorar” muchas veces, cada vez que entra un partido en la Moncloa se cambia a su gusto. Si el Partido Popular no gana ni puede apoyarse en Ciudadanos, en 2016 tendremos un nuevo cambio en ese aspecto. 2017 como muy tarde. ¿Cuál ha sido el problema? Que la eficiencia ha sido nula, por un problema de, primero, calidad y, segundo, de estabilidad.

P.: ¿Qué aspectos de la concepción de la vida finlandesa crees que sería beneficioso “exportar a España? ¿Y viceversa?

R.: Se me viene a la cabeza el tema de las tiendas: cierran mucho más temprano que en Finlandia. Esto permite a los trabajadores tener más tiempo libre por las tardes. En España es más normal el turno partido, que al final hace que tengas esa sensación de que has pasado todo el día trabajando. La hora de la cena también se podría cambiar en España, es mucho más saludable comer a las seis de la tarde (como se hace tanto en Finlandia como en muchos países europeos) que a las 10. En parte eso también es culpa de lo que comento del trabajo. Sobre qué podríamos cambiar en Finlandia… Hay dos grandes periódicos sensacionalistas que siguen un poco el modelo de ‘The Sun’, ‘Bild’, y que en España no hay como tal. ‘Ilta-Sanomat’ e ‘Iltalehti’ hacen un periodismo muy poco profesional, son algo vergonzosos.

P.: ¿Qué es para ti la innovación? ¿Es más un proceso ó una actitud? ¿Estamos, realmente, abiertos al cambio? ¿Qué diferencias hay entre España y Finlandia?

R.: Yo creo que tanto una actitud como un proceso. Para innovar, hace falta, primero, querer hacerlo. Y para eso hace falta tener una actitud. Para que se produzca el cambio, al final, hay que seguir un camino, pero hay que procurar que no se pierda esa mentalidad. Si estamos abiertos, no estoy del todo convencido. La gente está muy cómoda con su posición, entonces, ¿por qué moverse de donde está? Es lo que pasaba un poco con la educación en Finlandia durante 40 años, se ha mantenido un sistema sin apenas modificarlo, pero también porque funcionaba. Ahora están empezando a verse cambios, ya que se tiene que adaptar a los nuevos tiempos, en los que parece que es un poco menos efectiva (pero, aun así, la mejor en Europa). En España se cambia cada cuatro años, sin embargo esto no implica innovación, solo se adapta al gusto de los partidos. Bueno, esto es simplemente un ejemplo, pero me quedaré con lo que ya he dicho: la gente está muy cómoda tal y como está.

P: ¿Qué es lo que más te cuesta entender y aceptar de tu profesión en España en relación con la concepción de periodismo en Finlandia?

R.: Hay un dato sobre el periodismo en Finlandia que lo dice todo: números uno en libertad de prensa. España no está en las primeras posiciones, y esto es por culpa de los intereses que hay detrás de los medios. Que no digo que no ocurra esto también en Finlandia, pero el dato les avala. Soy capaz de entenderlo, pero no podré aceptar nunca que un periodista tenga que cubrir, por poner un ejemplo, la Copa del Rey de vela. ¡A nadie le importa, cojones! ¡A nadie! Bueno, sí, a los anunciantes. Y eso hace que me hierva la sangre. Todo por dinero. Ojala llegara un día en el que no tengamos que rebajarnos a eso, pero supongo que estoy siendo algo utópico, para mi desgracia. Eso sí, no quiero dejar que ellos me dominen.

Muchas gracias Michan

 

Finlandia: Derechos y deberes

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Cuantas veces nos fijamos en otros países, especialmente en los nórdicos, cuando queremos hablar de estado de bienestar, educación, innovación… Una de esos países que, aparecen de forma periódica y recurrente en los medios, es Finlandia. He escrito en este blog varios artículos sobre su sistema educativo, de valores pero también sobre su concepción de ciudadanía y de comunidad, sobre sus derechos pero también sobre sus deberes ciudadanos.

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 Cuantas cosas podemos aprender mutuamente, en cambio no estoy tan seguro de que puedan ponerse en marcha acciones concretas que “copiemos” unos de otros. Somos culturas muy diferentes, sociedades con formas de ver la vida distintas, con valores particulares. En ocasiones vemos el modelo educativo finlandés y alguien enseguida piensa: “Podemos hacer lo mismo aquí”. Ó vemos el sistema público finlandés y enseguida queremos trasladarlo aquí. Nos fijamos en el modelo pero menos en lo que lo hace posible, en cómo se estructura la sociedad finlandesa, con qué valores, con que cultura, eso ya no es posible importarlo.

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He tenido la suerte de estar en Finlandia y lo primero que me llamó la atención nada más aterrizar, además del frío porque era invierno, era el silencio, la limpieza y la educación exquisita. Nadie hablaba alto para no molestar al de al lado, no era posible ver un papel en el suelo, los aseos estaban inmaculados… la verdad es que tuve la impresión de estar en un lugar muy lejano, y eso que vi y sentí no creo que pueda copiarse. Cuando cogí un taxi, sin yo pedirlo, el conductor me facilitó una factura, luego a la vuelta intenté hacer lo mismo y ya me fue, francamente, más dificultoso.

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 Creo que muchas veces nos miramos en el espejo y queremos copiar sus derechos pero sus obligaciones… ya eso nos da más “pereza”. Hay que viajar, intercambiar, conocer sin prejuicios, salir de todo lo que conocemos. Cuando hablamos de mejora como actitud, es fundamental tener claro que para conseguir objetivos nuevos debemos de hacer las cosas de un modo diferente.

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Por eso, cuando hablo de mejora, siempre me viene a la cabeza Finlandia. De ese país, de su cultura, de su estilo de vida sabe mucho más que yo Michan que ha tenido la amabilidad de responder a unas preguntas para ylogikablog. Os dejo con su entrevista que seguro que será muy interesante.

Entrevista a Jose Luís Martín

Buenos días:

Lo primero, quiero agradecerte enormemente que hayas tenido la amabilidad de tomarte un tiempo para responder a estas preguntas. Es una suerte para mí que puedas aparecer en este blog.

Me gustaría, para comenzar, que te presentaras brevemente a todas aquellas personas, seguro que serán muchas, que lean esta entrevista.

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Hola Carlos, gracias a ti por contar conmigo para esta entrevista. Me llamo Jose Luis, soy Graduado en Administración y Dirección deEmpresas y compagino mi profesión con mi verdadera pasión, que es el fútbol. Actualmente estoy entrenando al Cadete C del CD Leganés y tratando de seguir aprendiendo, trabajando y creciendo dentro de este mundo.

P.: ¿Es el fútbol un ámbito muy endogámico?¿Por qué, dentro de las parcelas deportivas es tan difícil encontrar a personas que no provengan del mundo del fútbol? ¿Crees que esto es beneficioso?

R.: Sí, la mayor parte de la gente procede del mundo del fútbol, ya sea como profesional o no. Yo pienso que el hecho de haber pertenecido a este deporte de una forma o de otra es importante. Por ejemplo, el haber sido jugador te puede aportar otro punto de vista cuando eres entrenador que te ayude a ponerte en la situación de los jugadores. Toda la experiencia anterior que puedas tener es un plus. Pero no tiene por qué ser imprescindible. Cada vez hay gente mejor formada, con muchas ganas e ilusión por hacer las cosas bien que se merecen una oportunidad porque seguro que la aprovecharían.

P.: Como entrenador de fútbol, ¿Consideras que hay una cambio importante en la concepción del deporte por parte de los y las jóvenes en los últimos años?

R.: Sí, y relacionado con lo que te acabo de comentar, creo que el cambio fundamental es la formación, los jóvenes cada vez estamos más concienciados de la importancia que tiene.

P.: ¿Qué queda por hacer en la prevención de la violencia en el deporte? ¿Crees que es una cuestión educacional?

R.: Claro, la educación y el entorno del jugador influyen mucho. Nosotros como entrenadores lo que tenemos que hacer es dar ejemplo, inculcar una serie de valores en el equipo, premiar o castigar determinadas conductas y, por supuesto, mantener las formas durante los partidos. Esto implica respetar al árbitro, no criticar sus decisiones, no revolverse contra la grada… porque los jugadores son esponjas, y más cuando son pequeños, y todo lo que ven o lo que oyen después lo hacen. De esta forma por lo menos podemos reducir la violencia dentro del terreno de juego. El tema de la grada es caso aparte, siempre habrá alguien con ganas de armarla y eso nosotros no lo podemos controlar. Hay países en los que se juega a puerta cerrada y quizás podría ser una medida.

P.: ¿Qué es para ti la innovación? ¿Es más un proceso ó una actitud? ¿Estamos, realmente, abiertos al cambio?

R.: Para mí es un proceso que depende de la actitud de cada uno. Hay personas que buscan constantemente innovar, descubrir nuevos métodos para mejorar… Otras sin embargo son más reacias al cambio. En el fútbol pasa lo mismo, hay clubes más abiertos a nuevas metodologías e ideas y otros más tradicionales. Al final lo que mandan son los resultados. En el caso de los entrenadores de élite, si su método funciona y consiguen resultados, todo el mundo estará contento con ellos, todos les van a querer y a aplaudir… Pero el día que vayan mal las cosas les criticarán por innovar. Con el resto de entrenadores pasa lo mismo, la diferencia entre uno y otro es el crédito que van a tener. Al final uno tiene que tomar las decisiones que crea mejores porque siempre habrá alguien que no esté satisfecho y si en un sitio no lo valoran ya llegará alguien que sí lo haga.

P.: ¿Cómo consideras que es hoy en día la gestión de los clubes deportivos? ¿Crees que debe encaminarse hacia una progresiva profesionalización?

El fútbol y cualquier deporte o profesión necesita gente preparada. Estoy de acuerdo en que hay personas sin titulación igual de válidas o más que el que sí la tiene. Pero es necesaria, primero porque así se exige (en determinadas categorías) y segundo porque demuestra una implicación y un interés por parte del que se forma. Personalmente, si dirigiera un club contaría con personal titulado en todos los puestos y en la medida de lo posible intentaría recompensar económicamente el cargo de acuerdo a la responsabilidad, al trabajo, al tiempo dedicado, etc. No soy quien para entrar a valorar la gestión de los clubes, pero muchas veces se exige mucho y se da muy poco a cambio. En España tenemos los mejores clubes del mundo pero a no ser que hayas sido futbolista profesional es prácticamente imposible vivir de este deporte. Y esta situación está provocando que mucha gente se tenga que buscar la vida en otros países, donde parece que se nos valora más que aquí.

Un placer haber participado en tu entrevista, espero que cumpla las expectativas y cuando quieras puedes contar conmigo.

 

El valor del cambio

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Cambiar, innovar, mejorar, crear… Palabras que todos los días podemos oír en cualquier lugar, en cualquier medio de comunicación, en cualquier conversación. A veces corremos el riesgo de que se queden como palabras huecas ó eslóganes que todos repetimos, en estos tiempos más si cabe. En cambio lo que yo escucho, al mismo tiempo, son frases tipo:

  • “Virgencita que me quede como estoy”.
  • “Lo mejor que me puede pasar es que no haya novedades”.
  • “A ver si aguantamos el chaparrón y la cosa mejora”.

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Alguien podría decir que quizá son, cuando menos, actitudes contradictorias. Y es que existe un discurso así, puede que comprensible, un discurso del cambio y de la mejora que se enfrenta al del miedo y la comodidad. Ya lo dicen las encuestas: “Los/as jóvenes en España aspiran a ser funcionarios/as”. Objetivo lícito a todas luces pero permitanme la licencia de pensar que esa legitima aspiración implica también una forma determinada de ver la vida.

Cuando buscamos seguridad ante todo no podemos predicar al mismo tiempo la necesidad del cambio porque éste requiere de un riesgo y no tengo claro que estemos capacitados para asumirlo. Queremos montar un negocio sin asumir riesgos, queremos hacer cambios vitales sin asumir riesgos, queremos evolucionar pero sin asumir riesgos y eso, en mi humilde opinión no es posible.

Estamos inmersos en una de las perores crisis económicas y sociales que se recuerdan en los últimos 30 años y no deja de sorprender la escasa “conflictividad social” reinante: “Virgencita que me quede como estoy”. ¿Es reflejo de un cambio de modelo ó algo coyuntural? No lo tengo claro aunque me inclino por la primera opción.

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Las nuevas generaciones, entre las cuales me incluyo (a pesar de tener una edad…) no hemos tenido, en general, grandes deficits y necesidades: Nuestros padres nos han garantizado el alimento, la educación, la ropa, la paga para salir los fines de semana. hemos vivido muy bien, para que vamos a negarlo, y no estamos dispuestos a vivir “peor”. Hace un tiempo la responsable de una inmobiliaria me decía: “La gente joven busca pisos de tres habitaciones, trastero y garaje porque es lo que han vivido con sus padres y no quieren menos”. Partimos de situaciones y vivencias diferentes que influyen en el comportamiento, la búsqueda de la seguridad hoy en día es una meta irrenunciable.

Por eso el cambio no es sólo un valor sino que hay que tener valor para hacer un cambio.

De todo ésto, del emprendizaje, del cambio y del optimismo nos va a hablar Carlos Hernández en esta breve entrevista que ha tenido la amabilidad de concederme, es la tercera entrevista de este ciclo. Os dejo con ella que es la verdadera protagonista.

Entrevista a Iratxe Herrero Zarate

Buenos días Iratxe:

Quiero agradecerte que hayas tenido la amabilidad de tomarte un tiempo para responder a estas preguntas. Me hace mucha ilusión que puedas aparecer en este blog.OLYMPUS DIGITAL CAMERA

P.: Me gustaría, para comenzar, que te presentaras a todas aquellas personas, seguro que serán muchas, que lean esta entrevista y no te conozcan todavía.

R.: Soy gerontocriminóloga, una actividad que me permite integrar y desarrollar profesionalmente mi vocación investigadora y formadora en dos ámbitos que me apasionan: gerontología y criminología. Como resultado de mi genética entusiasta, optimista y resiliente trabajo como profesional independiente, eso que se llama freelance. (www.gerontocriminologia.com)

P.: Desde tu experiencia como investigadora social y analista, ¿consideras que la necesidad de mejora y de cambio es realmente una necesidad sentida ó normativa por las organizaciones y las personas que las componen?

R.: Por mi experiencia, que esta necesidad de mejora sea sentida o normativa depende de la inquietud y sensibilidad que tengan hacia este tema las personas que forman esas organizaciones y, en estas cuestiones (inquietud, sensibilidad…) creo que influye notablemente la cultura (sociedad, valores…) a la que pertenecen; por lo tanto, no podría generalizar al respecto. Sin embargo, sí he observado en nuestro entorno cultural cercano una tendencia mayoritaria a identificar necesidades que no suele trascender a un nivel de acción, es decir, a un cambio real, consciente y voluntario para superar esa situación de necesidad.

P.: ¿Consideras que hay un sesgo ó un componente cultural en la aceptación y búsqueda del cambio y la mejora en España en relación con otras sociedades europeas?

R.: Efectivamente comparto esta idea, como ya he avanzado en la respuesta anterior. Comparando las sociedades europeas que conozco mejor, he observado que las “mediterráneas” vivimos más en una actitud de queja que de cambio proactivo hacia la mejora, mientras que “más al norte” hay una mayor tendencia a priorizar la eficiencia y a tomar medidas concretas en lugar de “hablar” sobre qué medidas habría que tomar.

P.: Como conocedora de la Administración pública, ¿crees que la mejora y la búsqueda de la eficiencia están reñidas con la titularidad de los servicios? ¿Está la administración pública española abierta al cambio por convicción o por necesidad?

R.: Para la primera pregunta, me remito a la idea que he mencionado antes de que las organizaciones son, en realidad, las personas que las componen; por lo tanto, yo creo que cuestiones como mejora y eficiencia no dependen de la titularidad de la organización sino de las inquietudes y valores de quienes las gestionan o lideran y, especialmente, de las culturas en las que se han socializado. 

En cuanto a la segunda pregunta, por mi experiencia, creo que en la mayoría de los casos no hay ni tan siquiera actitud de apertura al cambio, sino que la inercia administrativa es mantener el status quo y permanecer.

P.: En los últimos años no nos cansamos de oír y leer sobre la innovación, pero no es un concepto único ni compartido por todas las culturas y países. ¿Qué es para ti la innovación?

R.: Para mí, es hacer las cosas de un modo nuevo y diferente al tradicional pero no implica, necesariamente, que ese nuevo modo sea mejor que el tradicional. Por eso, soy bastante reacia a utilizar la palabra “innovación” como si fuera el elixir mágico para garantizar el progreso y la felicidad. Además, considero que se asocia excesivamente, por no decir únicamente, al aspecto tecnológico y que se excluye cualquier propuesta al respecto en campos donde la tecnología no esté presente: por ejemplo, la innovación social, pedagógica, etc. Por todo ello, yo prefiero emplear el término “mejora” porque creo que es el que garantiza implícitamente el “avance hacia algo mejor”.

P.: He podido leer que estás en proceso de crear una “nueva disciplina”, la gerontocriminología. Aprovechando esta oportunidad, a modo de exclusiva, ¿podrías explicar brevemente en qué consiste y en qué momento estás?

R.: La Gerontocriminología es un espacio común en el que la Gerontología y la Criminología se dan la mano para compartir su conocimiento en el análisis y prevención del delito en relación con las personas mayores: como víctimas y como delincuentes. Cuando me surgió la idea de este nuevo espacio me pareció muy útil el lema de “y-logika: conocer, decidir, mejorar” como enfoque para el proceso de análisis-prevención hacia el que oriento mi proyecto profesional. En este sentido, considero que el conocimiento de la realidad es el que nos permite decidir qué medidas tomar para prevenir el delito y mejorar, en relación con este ámbito, la calidad de vida de las personas mayores.

Muchas gracias Iratxe

Muchas gracias a tí por esta entrevista y, sobre todo, gracias y felicidades por tu lema, que me ha inspirado profesionalmente.