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Entrevista a Michan

Buenos días:

Lo primero, quiero agradecerte enormemente que hayas tenido la amabilidad de tomarte un tiempo para responder a estas preguntas. Es una suerte para mí que puedas aparecer en este blog.

Me gustaría, para comenzar, que te presentaras brevemente a todas aquellas personas, seguro que serán muchas, que lean esta entrevista.

Foto MichanLo primero, soy chico, que no os confunda mi nombre. Estoy estudiando periodismo, este es mi último año, por lo que creo que ya puedo decir que soy periodista. He estado de prácticas en el diario El Mundo y, lo más importante, tengo un blog sobre Finlandia desde hace tres años, Michan en Finlandia, que es por lo que estoy aquí.

P.: ¿Cómo definirías el concepto de trabajo y profesionalidad que existe en España y qué diferencias ves con Finlandia?

R.: Procuraré no caer en la trampa de los estereotipos. Trabajo es simplemente ir de 9 a 17 a la oficina. Profesionalidad es ser parte de la empresa, esforzarte para que todo salga bien, hacer propuestas para mejorar… En conceptos, por supuesto, lo mismo sirve para un país que para otro. Se dice mucho que en el norte son más serios, pero, como siempre hay de todo. Conozco hasta un caso de ‘bullying’ a una trabajadora en Finlandia. Pero, repito, hay de todo.

P.: ¿Consideras que la mejora, la innovación y la eficiencia son importantes en España? ¿Realmente nos importan?

R.: Siempre es importante, pero que lo queramos ejecutar es otra cosa. Por ejemplo, en el caso de la política. Desde siempre ha habido un cierto bipartidismo, aunque ahora han surgido dos partidos a nivel nacional que han irrumpido. Han tenido que pasar 30 años, con una crisis gravísima en la que todavía estamos inmersos, para exigir un cambio. Otro ejemplo: la educación. Se ha intentado “mejorar” muchas veces, cada vez que entra un partido en la Moncloa se cambia a su gusto. Si el Partido Popular no gana ni puede apoyarse en Ciudadanos, en 2016 tendremos un nuevo cambio en ese aspecto. 2017 como muy tarde. ¿Cuál ha sido el problema? Que la eficiencia ha sido nula, por un problema de, primero, calidad y, segundo, de estabilidad.

P.: ¿Qué aspectos de la concepción de la vida finlandesa crees que sería beneficioso “exportar a España? ¿Y viceversa?

R.: Se me viene a la cabeza el tema de las tiendas: cierran mucho más temprano que en Finlandia. Esto permite a los trabajadores tener más tiempo libre por las tardes. En España es más normal el turno partido, que al final hace que tengas esa sensación de que has pasado todo el día trabajando. La hora de la cena también se podría cambiar en España, es mucho más saludable comer a las seis de la tarde (como se hace tanto en Finlandia como en muchos países europeos) que a las 10. En parte eso también es culpa de lo que comento del trabajo. Sobre qué podríamos cambiar en Finlandia… Hay dos grandes periódicos sensacionalistas que siguen un poco el modelo de ‘The Sun’, ‘Bild’, y que en España no hay como tal. ‘Ilta-Sanomat’ e ‘Iltalehti’ hacen un periodismo muy poco profesional, son algo vergonzosos.

P.: ¿Qué es para ti la innovación? ¿Es más un proceso ó una actitud? ¿Estamos, realmente, abiertos al cambio? ¿Qué diferencias hay entre España y Finlandia?

R.: Yo creo que tanto una actitud como un proceso. Para innovar, hace falta, primero, querer hacerlo. Y para eso hace falta tener una actitud. Para que se produzca el cambio, al final, hay que seguir un camino, pero hay que procurar que no se pierda esa mentalidad. Si estamos abiertos, no estoy del todo convencido. La gente está muy cómoda con su posición, entonces, ¿por qué moverse de donde está? Es lo que pasaba un poco con la educación en Finlandia durante 40 años, se ha mantenido un sistema sin apenas modificarlo, pero también porque funcionaba. Ahora están empezando a verse cambios, ya que se tiene que adaptar a los nuevos tiempos, en los que parece que es un poco menos efectiva (pero, aun así, la mejor en Europa). En España se cambia cada cuatro años, sin embargo esto no implica innovación, solo se adapta al gusto de los partidos. Bueno, esto es simplemente un ejemplo, pero me quedaré con lo que ya he dicho: la gente está muy cómoda tal y como está.

P: ¿Qué es lo que más te cuesta entender y aceptar de tu profesión en España en relación con la concepción de periodismo en Finlandia?

R.: Hay un dato sobre el periodismo en Finlandia que lo dice todo: números uno en libertad de prensa. España no está en las primeras posiciones, y esto es por culpa de los intereses que hay detrás de los medios. Que no digo que no ocurra esto también en Finlandia, pero el dato les avala. Soy capaz de entenderlo, pero no podré aceptar nunca que un periodista tenga que cubrir, por poner un ejemplo, la Copa del Rey de vela. ¡A nadie le importa, cojones! ¡A nadie! Bueno, sí, a los anunciantes. Y eso hace que me hierva la sangre. Todo por dinero. Ojala llegara un día en el que no tengamos que rebajarnos a eso, pero supongo que estoy siendo algo utópico, para mi desgracia. Eso sí, no quiero dejar que ellos me dominen.

Muchas gracias Michan

 

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El valor del cambio

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Cambiar, innovar, mejorar, crear… Palabras que todos los días podemos oír en cualquier lugar, en cualquier medio de comunicación, en cualquier conversación. A veces corremos el riesgo de que se queden como palabras huecas ó eslóganes que todos repetimos, en estos tiempos más si cabe. En cambio lo que yo escucho, al mismo tiempo, son frases tipo:

  • “Virgencita que me quede como estoy”.
  • “Lo mejor que me puede pasar es que no haya novedades”.
  • “A ver si aguantamos el chaparrón y la cosa mejora”.

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Alguien podría decir que quizá son, cuando menos, actitudes contradictorias. Y es que existe un discurso así, puede que comprensible, un discurso del cambio y de la mejora que se enfrenta al del miedo y la comodidad. Ya lo dicen las encuestas: “Los/as jóvenes en España aspiran a ser funcionarios/as”. Objetivo lícito a todas luces pero permitanme la licencia de pensar que esa legitima aspiración implica también una forma determinada de ver la vida.

Cuando buscamos seguridad ante todo no podemos predicar al mismo tiempo la necesidad del cambio porque éste requiere de un riesgo y no tengo claro que estemos capacitados para asumirlo. Queremos montar un negocio sin asumir riesgos, queremos hacer cambios vitales sin asumir riesgos, queremos evolucionar pero sin asumir riesgos y eso, en mi humilde opinión no es posible.

Estamos inmersos en una de las perores crisis económicas y sociales que se recuerdan en los últimos 30 años y no deja de sorprender la escasa “conflictividad social” reinante: “Virgencita que me quede como estoy”. ¿Es reflejo de un cambio de modelo ó algo coyuntural? No lo tengo claro aunque me inclino por la primera opción.

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Las nuevas generaciones, entre las cuales me incluyo (a pesar de tener una edad…) no hemos tenido, en general, grandes deficits y necesidades: Nuestros padres nos han garantizado el alimento, la educación, la ropa, la paga para salir los fines de semana. hemos vivido muy bien, para que vamos a negarlo, y no estamos dispuestos a vivir “peor”. Hace un tiempo la responsable de una inmobiliaria me decía: “La gente joven busca pisos de tres habitaciones, trastero y garaje porque es lo que han vivido con sus padres y no quieren menos”. Partimos de situaciones y vivencias diferentes que influyen en el comportamiento, la búsqueda de la seguridad hoy en día es una meta irrenunciable.

Por eso el cambio no es sólo un valor sino que hay que tener valor para hacer un cambio.

De todo ésto, del emprendizaje, del cambio y del optimismo nos va a hablar Carlos Hernández en esta breve entrevista que ha tenido la amabilidad de concederme, es la tercera entrevista de este ciclo. Os dejo con ella que es la verdadera protagonista.

¿Especializacion?

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Hace tiempo que los “gurús” del marketing y del emprendizaje nos hablan de la tendencia a la especialización. Cuando alguien acude a un curso para emprendedores le pueden decir que es necesario que se especialice, que haga sólo aquello que sabe hacer bien. Yo nunca he estado muy de acuerdo en eso porque si sabes y te gusta hacer varias cosas bien porqué centrarte sólo en una, pero eso es otro debate. Tal vez para una futura entrada.

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El caso es que hace unos días me disponía a pasar una estupenda tarde de compras, quería tener unas nuevas playeras/deportivas/bambas… Me dirigí con paso firme y decidido a una tienda de deprtes y un amable dependiente me recibió con una sonrisa y que dijo:

  • “¿Puedo ayudarle en algo?”
  • Yo respondí: “Quería mirar unas playeras del número 46”. 

En ese momento, sin yo ser consciente de ello, abrí la “caja de Pandora” porque el amable dependiente me respondió:

  • “¿Está usted pensando en trekking, running ó walking?”.
  • No sabía que responder… “Pues no sé, yo sólo quiero unas playeras que me sirvan un poco para todo” (inocente de mí).
  • “Ya, pero ¿va a practicar algún deporte concreto, padel, tenis…?”
  • “No, bueno… las necesito… pues… no sé… para andar cómodo…”
  • “Y ¿va andar usted por asfalto, tierra ó monte?”
  • “Pues no sé la verdad, entre mis planes a corto plazo no está escalar el Kilimanjaro con unas playeras pero por lo demás…”
  • Y ¿cuantas horas al día las va a utilizar? Una hora, dos…”
  • “Pues la verdad… es que me deja sin palabras, no me he planteado todos esos datos…”
  • “De todos modos, sería interesante hacerle previamente un análisis morfológico de sus pies antes de poder recomendarlo algo”
  • En ese momento mi cerebro sufría una exceso de información y le dije: “Muchas gracias, pero creo que voy venir mejor cuando tenga todo más pensado”

Y es que nunca se me había pasado por la cabeza que comprar una simples playeras fuera tan sumamente complejo. Dentro de las herramientas que utilizo en los procesos de mejora están los estudios de mercado/opinión. Y creo que sería interesante que pudieran utilizar un cuestionario estándar para preguntar a los clientes que compramos playeras, de manera que una vez analizados los datos  y convenientemente cruzados entre sí nos dieran un resultado cierto par trasladar al cliente.

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Posiblemente yo sea un poco raro, no lo sé. pero ¿No resulta excesivo todo esto? Y sobre todo: ¿Dónde queda aquí la especialización en un sólo producto que tanto nos venden? Yo, de momento, voy a realizar un análisis más preciso de mis verdaderas necesidades de calzado y es posible me decante por las chanclas…

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¿El negocio del emprendizaje?

Existen muchos mitos y leyendas en torno al emprendizaje, esa palabra que últimamente tanto oímos. Parecería que nunca antes en la historia se han creado empresas ó las personas nunca antes hubieran puesto sus propios negocios.

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Cuando ahora una persona tiene una idea de negocio y, con toda su biena voluntad, se acerca a la administración pública en busca de asesoramiento, la respuesta es prácticamente estandarizada: “DEBES HACER UN CURSO”. Ese curso es como una especie de biblia para cualquier persona emprendedora, yo tenía dudas: Si es tan importante quería saber en qué consisten. Y ahí es dónde abres una puerta hacia el desconocido mundo del emprendizaje…

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Aparece un listado interminable de entidades prestas a ayudarte, a desarrollar tu idea de negocio, tú plan de expansión, tu marketing…, eso sí, tienes que darte de alta en la seguridad social tan pronto como sea posible. Si yo quiero acceder a un local en un vivero de empresas: Tienes que estar dado de alta en la Seguridad Social; Si yo quiero solicitar una ayuda: Tienes que estar dado de alta en la Seguridad Social. A veces pareciera como si el objetivo primordial fuera que: Te des de alta en la Seguridad Social.

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Yo me pregunto: “Si estoy desarrollando mi idea, haciendo mi plan de negocio, realizando mi estudio de mercado, ¿para qué necesito estar dado de alta en la Seguridad Social? Si yo lo que necesito es una ayuda antes, cuando tenga clientes y el negocio sea rentable irá adelante por sí mismo”. Esto parece de sentido común, verdad?

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A no ser que detrás de esta “moda” del emprendizaje se encuentre otro negocio. ¿por qué tanta “prisa” en que te constituyas como autónomo, como empresa? No quiero pensar que haya entidades que reciban subvenciones en función del número de sus proyectos tutorizados que lleguen a constituirse como empresas y, por supuesto estés dado de alta en la Seguridad Social. Sería demasiado torticero pensar en ello, verdad? Seguro que tiene que haber múltiples explicaciones más válidas y que expliquen esta situación. No me gustaría pensar que existiera la tentación de que el emprendizaje se conviertiera en un negocio.

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¿Dónde está el mar keting?

Ahora cuando alguien quiere poner un negocio se le “asesora” ponerse en manos de profesionales del marketing: El nombre del negocio no es algo baladí y hay que pensarlo muy, muy bien.”Qué quiero transmitir, cuales son mis servicios, cual es mi imagen, a quién me quiero dirigir, cuales son las últimas tendencias, cuales son mis valores, qué sentimientos y emociones quiero…” Y así hasta un sinfín de preguntas que nos “tenemos que hacer” si queremos que nuestro proyecto tenga éxito…

Me pregunto que ha pasado durante toda la vida, que yo sepa siempre ha habido negocios, incluso antes de internet aunque nos parezca imposible. Siempre ha habido personas emprendedoras, siempre ha habido innovación y esas empresas siempre han tenido una imagen, pero no me imagino a la panadera de mi pueblo, que por cierto hace un pan fantástico, yendo como alma que lleva al diablo a ponerse en manos de una empresa de marketing para ponerse un nombre.

¿Realmente el nombre es tan importante?

Hace poco tuve la oportunidad de ver este nombre de empresa, a partir del cual se me ocurrió la idea de escribir esta entrada.

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Creo que el nombre deja muy claro qué es lo que venden y me parece un acierto impresionante. Yo doy formación sobre cómo implementar procesos de mejora I.S.A.M. a personas que tienen ó quieren tener su propia empresa y un 80% están muy preocupados/as por todo lo concerniente al marketing, gastan muchas energías y dinero en ello y a veces el resultado no es tan bueno como quisieran. ¿Será culpa del nombre?

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Cada uno/a de nosotros/as nos vendemos cada día, somos expertos/as en marketing: Tratamos de ponernos guapos/as cuando vamos a una boda, cuando salimos el fin de semana, cuando vamos a cenar… Si alguien viene a casa tratamos de recogerla, preparar una cena porque vienen unos amigos/as, etc. Y muchas más cosas y/ó situaciones cotidianas que podáis imaginaos, nos estamos vendiendo todo el día, y eso es marketing.

Disfrutad con todo lo que hagáis, creed en ello, confiad en vosotros/as mismos/as y MUCHA SUERTE!

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Emprendizaje: Cuestión de confianza

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Pensar que los hombres que se han hecho a sí mismos han dado a la primera con la idea o la oportunidad de negocio que les ayudaría a acumular ceros en sus cuentas corrientes es una ingenuidad. El fracaso forma parte de las biografías y los currículums de muchos de ellos y en el caso de Jack Ma, fundador de Alibaba, el rechazo fue una constante en sus primeras incursiones en el mundo laboral.

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El que ahora ostenta el título de hombre más rico de China sufrió nada más y nada menos que una treintena de «ya le llamaremos» antes de que Alibaba despegara y acabase con los descubiertos de sus finanzas. En una entrevista con el periodista estadounidense Charlie Rose, Ma explicó que no pasar los procesos de selección formaba parte de su día a día.

imagen 3En algunos casos, como cuando intentó entrar en la Policía, no obtuvo el puesto por «no ser suficientemente bueno». En otros, los seleccionadores mostraron con él su lado más cruel. «Acudí a solicitar empleo a KFC cuando llegó a mi ciudad; veinticuatro personas buscamos trabajo en el restaurante, veintitrés fueron aceptadas y yo fui el único que no logró hacerse con un contrato», confiesa. Por si fuera poco, el magnate chino también admitió que suspendió el equivalente a nuestra castiza Selectividad en tres ocasiones.

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Los comienzos en Alibaba tampoco fueron boyantes. «Al principio sólo intentaba sobrevivir, pero los primeros tres años no obtuvimos ningún beneficio», explicó Ma. Aunque resulte difícil creerlo, en 2001 el portal chino líder en e-commerce no logró hacerse con los 3 millones de dólares de financiación que intentó cosechar en EE.UU. «No tiramos la toalla», añadió, «volvimos y conseguimos un poco más: 25.000 millones de dólares».

Las historias de emprendedores de leyenda que fracasaron en sus primeros amerizajes en el mundo laboral son más comunes de lo que se puede llegar a imaginar. Desde Bill Gates (que vio como su primera empresa fracasaba sin remedio) hasta el mítico Henry Ford (que vivió una experiencia similar con sus primeras compañías), muchos de los que luego se convirtieron en millonarios tuvieron que lidiar con situaciones que les obligaron a empezar desde cero y vérselas irremediablemente con los números rojos.

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Actualmente, según los datos de la propia compañía, Alibaba cuenta con cerca de 100 millones de compradores diarios, unos 30.000 trabajadores en nómina y genera unos 14 millones de empleos directos e indirectos en China. Para Ma, el quid de la cuestión no es el dinero ni las cifras, sino la confianza que cada día demuestran inversores y clientes en su negocio.

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Fuente: El País (22/02/2015)

La “cultura” del presentismo en España. ¿Cuando cambiaremos?

Cuando calentar la silla no es productivo…

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En los países nórdicos a las 17.00 horas se apagan las luces de la oficina. Si alguno de los empleados sigue ocupando su silla, debe tener un motivo de peso. La jornada laboral está programada para trabajar de forma intensiva y obtener a cambio un equilibrio entre la vida personal y la profesional. En España ya se han empezado a instaurar los horarios flexibles, que dan un margen de varias horas tanto en la entrada como en la salida, también funciona el trabajo a tiempo parcial o el remoto desde casa. Pero a diferencia de lo que sucede en países como Noruega, se sigue valorando el presentismo. Pasar largas horas frente al ordenador está bien visto.

“Muchas empresas del IBEX 35 tienen políticas de conciliación, pero no siempre se cumplen”, opina Esther Jiménez, investigadora del Centro Internacional Trabajo y Familia de IESE Business School. Tras haber realizado un estudio en 23 países de África, Asia, Europa y América Latina con más de 30.000 personas, una de las conclusiones es que en una misma compañía unos departamentos fomentan la conciliación y otros no; depende de los jefes y no del protocolo aprobado. “Se crean entornos contaminantes en los que los trabajadores sufren mayores niveles de estrés, tienen mayor intención de dejar la empresa y baja su productividad. Todo como respuesta a las exigencias de sus superiores”, señala Jiménez. Por el contrario, según esta investigación, el rendimiento se incrementa un 19% en entornos laborales que promueven la flexibilidad.

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Uno de los retos en España es conseguir que las compañías implanten “horarios racionales”, que implican flexibilidad en el acceso y la salida, un máximo de 45 minutos para comer y que la jornada no finalice más tarde de las 17 horas, defiende Ignacio Buqueras, presidente de la Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios Españoles. Estas medidas aumentan la productividad entre un 11 y un 15% y reducen considerablemente los gastos de las empresas (entre ellos el energético), según las estimaciones de este organismo. “El presentismo está muy arraigado a nuestra concepción del trabajo. Es un gran error y debería ser reemplazado por prácticas que promuevan la eficiencia”, destaca.

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Pero más allá de las buenas intenciones de las empresas, está la cultura laboral, y el hecho de abandonar la oficina después que el jefe es un hábito difícil de esquivar. Un ejemplo de ello es lo que le sucedió al estudio de arquitectura noruego Snohetta en 2005.

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La apertura de una sede en Nueva York y su intento por implantar su modelo se dio de bruces contra el modus operandi de los estadounidenses. El horario de 9 a 17 horas no casaba con su estilo de vida; estaban acostumbrados a entrar más tarde, hacer largos descansos para comer y marcharse después de las ocho de la tarde, siempre después que su responsable. Los gerentes insistían para que se ciñeran al horario noruego pero no había forma, relata la investigadora Elin Kvande, que estudió el caso de esta empresa y lo presentó en la Nordic Working Life Conference, organizada en 2012 por el centro nacional de investigaciones sociales danés.

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El equilibrio entre el trabajo y la vida familiar es básico para esta compañía noruega y por ello sus empleados gozan de cinco semanas al año de vacaciones. Algo que levantó ampollas entre sus trabajadores al otro lado del Atlántico y que finalmente se calmó con un pacto: solo descansarían tres semanas y por ese motivo cobrarían más que el resto de sus compañeros de la sede escandinava.

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En España compañías como Iberdrola han dado un paso al frente en cuanto a la racionalización de horarios. En 2008 acordó con su plantilla, unos 9.000 trabajadores, universalizar la jornada intensiva y trabajar de 7.15 a 14.50 con 45 minutos de flexibilidad a la hora de entrar o salir. Según datos de la propia empresa, han mejorado la productividad; ganado más de medio millón de horas de trabajo al año; reducido en un 20% el absentismo y un 16% los accidentes laborales.

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Otras más pequeñas, como Grupo17 (1.000 trabajores), dedicada a la prevención de riesgos laborales, también se han puesto las pilas. Hace cuatro años establecieron para algunos de sus empleados el teletrabajo, disponen de una hora para comer y de 45 minutos de margen tanto a la entrada como a la salida. A las 18 horas todos están fuera. La productividad de los empleados ha aumentado un 30%. “Los trabajadores saben que pueden contar con la empresa. Les escuchamos y si tienen motivos para llegar dos horas más tarde, no les pedimos justificantes”, explica María Jiménez, gerente del grupo.

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En compañías como la consultora tecnológica Neoris, con más de 3.500 empleados en todo el mundo (750 en España), los horarios no son fijos; ya hace tiempo que se mide a los trabajadores por objetivos. “Hay muchas empresas en las que nadie ficha. Importan los resultados y se incentiva la autogestión”, asegura el vicepresidente de la compañía en Europa, Oriente Próximo y África, Pedro Irujo. Ahora están volcados en el “bienestar” de su plantilla y les pasan encuestas para medir su grado de satisfacción con los jefes, la luminosidad de sus lugares de trabajo, el ruido o el salario. Su intención es que sus empleados sientan que se preocupan por ellos. “Ya lo dijo Napoleón, un soldado motivado vale por tres”, añade Irujo.

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Además, han contratado una serie de servicios para “hacerles la vida más fácil”, como uno de lavandería en la misma sede, o los conocidos tiques guardería o restaurante, con los que la empresa paga en especies y los trabajadores tributan menos IRPF. “Programamos actividades fuera de la oficina como carreras para fomentar el team building (trabajo en equipo). En el ambiente laboral se está más cohibido. Al salir, se habla de otros temas, se crea compañerismo y se confía”. No hay retorno económico. “Es una inversión en la felicidad de los trabajadores”, zanja.

Que cunda el ejemplo.

Fuente: El País 18/02/2015