La lucha contra la corrupción en Finlandia (6/7)

Finlandia-Y-LOGIKA

LA LUCHA CONTRA LA CORRUPCIÓN EN LA EXPERIENCIA FINLANDESA (6/7)

Fuente: Revista Envío (Revista mensual de análisis de Nicaragua y Centroamérica). Número 289

EL GOBIERNO SUFRE UN GRAN CAMBIO ESTRUCTURAL

A medida que la educación fue dando a las generaciones valores novedosos que complementaban los valores tradicionales, se fueron transformando la cultura y las estructuras de gobierno, incluido el Poder Judicial y la Administración Pública.

En una Finlandia cada vez más democrática, una reforma sostenible y a gran escala dependía de que existiera una masa crítica de población educada, cuyos intereses y visiones estuvieran representados en el Parlamento y generaran presión a través de canales eficaces. Finlandia declaró su independencia en 1917, en gran medida como resultado de un sentimiento cada vez más nacionalista inculcado en una masa crítica de su población a través de la educación.

Los valores de la población se fueron convirtiendo gradualmente en los valores de los servidores públicos. Un buen funcionario tenía que respetar todas las leyes y ser responsable, honesto, preocupado por el bien común y, sobre todo, humilde. Los buenos funcionarios no debían hacer alarde de su autoridad ni jactarse de sus cargos. Eran prudentes y bien versados en lo que interesaba al común de la población. Eran ciudadanos decentes, lo que en la época en que Finlandia obtuvo su independencia significaba tener un matrimonio y una familia estables y un estilo de vida sano, creer en el patriotismo y en el humanismo cristiano.

El Estado de derecho fue reconocido como la columna vertebral de la gobernabilidad. Y la mayor aceptación popular del ideal de igualdad que trajo consigo la educación y el debate público permitió que, en una época relativamente temprana de la historia del país, se empezaran a reconocer cada vez más las fortalezas de las mujeres como dirigentes.

SE AFINA LA CULTURA CON LOS VALORES APRENDIDOS

La mayoría de las características ideales de los buenos funcionarios públicos y de la cultura administrativa han sobrevivido hasta el día de hoy y se han vuelto tan evidentes que el peso de la prueba recae en quienes las cuestionan. Todos estos ideales han desempeñado un papel directo en reducir la corrupción y en mantenerla a raya.

Hoy en día estos ideales originales se ven complementados con las demandas crecientes de participación y de inclusión, con los referendos políticos, la representación de las minorías, la transparencia y la apertura. El siglo XX fue un período de experimentación y consolidación de los ideales novedosos sobre gobernabilidad que llegaron a Finlandia en el siglo XIX.

Los ideales del bien común, de la rendición de cuentas y de la moderación han sido probados y comprobados, y los impedimentos que han surgido a lo largo de los años han servido siempre para impulsar a los encargados de formular políticas a realizar mayores reformas para asegurar su ejecución. La corrupción que hoy aún se manifiesta en el país es resultado de vicios heredados con persistencia del régimen zarista o de la proverbial propensión humana a sucumbir a las múltiples tentaciones que el poder inevitablemente trae consigo.

Ante estos escollos, la conciencia colectiva derivada de una base de valores comunes ha sido la fuerza motriz que ha llevado a una amplia variedad de reformas en los procedimientos, las leyes y las instituciones de gobierno, producidas por el método de ensayo-error. El espíritu de reconstrucción del país surgido al término de la Segunda Guerra Mundial le dio un impulso crucial a estos procesos de reforma. Los intelectuales de habla sueca del siglo XIX también expresaron demandas de libertad de comercio y de libertad de expresión.

La realización de la libertad comercial permitió el crecimiento económico y el desarrollo de la libertad de expresión se expresó en el surgimiento de una prensa libre. En 1855, el Senado finlandés inició el proceso de desmantelamiento de las barreras arancelarias, que terminó de eliminar en 1879. A finales del siglo XX se produjo una rápida aceleración del crecimiento económico, favoreciendo a los más pobres, porque la creciente industrialización de las ciudades ofreció oportunidades laborales a la población rural, a la par que se desarrollaba signifi¬cativamente el sistema de seguridad social.

La prensa logró emanciparse del control político hacia fines del siglo XX, aunque la Ley de Libertad de Prensa había sido promulgada en 1919. Alcanzar una libertad de comercio y de expresión eficaces y de base amplia no sólo exigía educar a la población para que adquiriera conciencia de que todos los ciudadanos tienen derecho a estas libertades. Requería también cambios en la cultura de gobernabilidad. Los encargados de formular decisiones tenían que dejar espacio para que florecieran estas libertades, tanto en la teoría como en la práctica, manteniendo a la vez salvaguardas legislativas contra los extremos destructivos que siempre existen en la actividad comercial o en el uso de otras libertades.

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