La lucha contra la corrupción en Finlandia (5/7)

Finlandia-Y-LOGIKA

LA LUCHA CONTRA LA CORRUPCIÓN EN LA EXPERIENCIA FINLANDESA (5/7)

Fuente: Revista Envío (Revista mensual de análisis de Nicaragua y Centroamérica). Número 289

NUEVOS IDEALES E IDEOLOGÍAS INSPIRAN Y DESAFÍAN

Tras las guerras napoleónicas de principios del siglo XIX, los ideales de patriotismo, igualdad, gobierno constitucional y democracia generaron una importante inspiración a los intelectuales y líderes ideológicos de toda Europa. Estos ideales desempeñaron un papel importante en los movimientos nacionalistas y en el pensamiento liberal que agitaron al continente.

La Universidad de Turju y sus influyentes académicos de habla sueca representaron el principal puerto de entrada de las nuevas corrientes ideológicas. Entre ellos, los principales pensadores y reformadores de Finlandia fueron J.J. Tengström, A.I. Arwidsson, J.V. Snellman y Uno Cygnaeus. A medida que se empezó a extender e intensificar el sentimiento liberal y nacionalista, los intelectuales empezaron a criticar públicamente la burocracia, el viejo sistema de estamentos, el atraso económico y la desigualdad social que imperaban en Finlandia.

A mediados del siglo XIX el sistema empezó ya a mostrar señales de un colapso inminente. Una forma tentativa de democracia surgió cuando la Ley del Parlamento de 1869 garantizó la periodicidad de las sesiones parlamentarias y el proceso de descentralización dio un paso adelante con la concesión del autogobierno local mediante las leyes de 1865 y 1873. Un incremento en el debate parlamentario y en la crítica pública incorporaron el control externo sobre las decisiones del gobierno.

LAS NUEVAS IDEAS LLEGAN A TODOS

Un divorcio completo y definitivo entre el antiguo sistema de estamentos y la cultura de gobernabilidad heredada era imposible mientras los ideales de igualdad y de democracia continuaran siendo la cruzada personal de unos cuantos pensadores progresistas y de algunos responsables de formular políticas.

Las esporádicas reformas estructurales para promover la democracia y la descentralización no eran suficientes para lograr una amplia reforma de la cultura administrativa. Era necesario instruir a toda la población. La educación representaba el instrumento más poderoso para informar a la población y mejorar sus condiciones de vida. La educación tenía que abarcar a todos en todas partes e incluir aspectos físicos, intelectuales y espirituales. La realización de una educación obligatoria e integral se convirtió en la meta y la empresa de aquellos académicos de habla sueca que habían traído a Finlandia los ideales que inspiraban a toda Europa.

Los intelectuales y líderes ideológicos que promovieron la conciencia nacional de los finlandeses y su progreso moral e intelectual presionaron hasta conseguir que se organizara un sistema masivo de educación primaria. En 1858 se infligió otro golpe al viejo sistema de estamentos con el establecimiento de escuelas secundarias en idioma finlandés. La Ley de Educación de 1866 aceleró el establecimiento de escuelas de enseñanza primaria en todas las zonas rurales de Finlandia.

Siguiendo el concepto original desarrollado por Uno Cygnaeus -el creador del sistema de “escuelas populares”-, la educación primaria dejó de estar a cargo de la Iglesia. En 1898 se volvió obligación que todas las alcaldías establecieran escuelas en sus distritos. En vísperas de la independencia de Finlandia en 1917, existían ya unas 3 mil escuelas de educación primaria y un 70% de la población había aprendido a leer y escribir.

Al sistema integral de educación primaria hay que atribuir que la responsabilidad ciudadana, la igualdad y la promoción del bien común se fueran convirtiendo gradualmente en características naturales del sistema de valores del pueblo finlandés. A través de la educación se fue diseminando poco a poco entre toda la población una conciencia nacionalista, que se tradujo en un aumento de conciencia en la sociedad civil, un deseo de independencia y una actitud crítica frente a las autoridades.

Gracias a las escuelas primarias, los ideales y valores novedosos derivados de las visiones inspiradas de la élite académica se transformaron en valores comunes de la población, antes que en cualquier otro país europeo. La difusión de las nuevas corrientes ideológicas no desplazó los ideales tradicionales de los finlandeses -la humildad, la modestia y la honestidad-, sirvió para complementarlos.

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